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La población


Alemania tiene cerca de 82 millones de habitantes (de los cuales 7,3 millones son extranjeros) y es, con una densidad de población de 230 habitantes por kilómetro cuadrado, uno de los países más densamente poblados de Europa. Solo Bélgica, los Países Bajos, Gran Bretaña e Irlanda del Norte tienen una densidad de población aún mayor.

La distribución territorial de la población es muy desigual. El área metropolitana de Berlín, que a raíz de la unificación alemana experimentó un rápido crecimiento, cuenta en estos momentos con más de 4,3 millones de habitantes. En las cuencas industriales del Rin y del Ruhr, donde las ciudades se suceden unas a otras prácticamente sin solución de continuidad viven más de once millones de habitantes, es decir, unos 1.100 por kilómetro cuadrado.

La zona Rin-Meno, con las ciudades de Francfort, Wiesbaden y Maguncia, la región industrial en el área del Rin-Neckar, con Mannheim y Ludwigshafen, el área económica en torno a Stuttgart y las aglomeraciones de Bremen, Colonia, Dresde, Hamburgo, Leipzig, Múnich y Nuremberg/Fürth presentan asimismo un alto nivel de concentración urbana. Junto a estas regiones densamente pobladas existen otras con una densidad mínima, como por ejemplo las landas y las áreas lacustres y pantanosas de las llanuras del Norte de Alemania, el Eifel, el Bayerischer Wald, el Alto Palatinado, la marca de Brandeburgo y extensas zonas de Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

La parte occidental de Alemania presenta una densidad de población mucho mayor que los cinco nuevos Estados Federados al Este del país. En estas regiones vive en aproximadamente el 30 por ciento de la superficie menos de la quinta parte (15,5 millones) de la población total de Alemania. De las 20 ciudades con más de 300.000 habitantes, dos están situadas en la parte oriental de Alemania.

Casi uno de cada tres habitantes de la República Federal vive en una de las 84 grandes ciudades de más de 100.000 habitantes, lo cual representa un total de aproximadamente 26 millones de habitantes. La mayor parte de la población vive en pueblos y ciudades pequeñas: casi 6,6 millones de personas viven en localidades de hasta 2.000 habitantes y 49,7 millones viven en municipios con cifras de población que oscilan entre los 2.000 y los 100.000 habitantes.

A lo largo de los años setenta las cifras de población descendieron tanto en los viejos como en los nuevos Estados Federados, dado que la tasa de natalidad era decreciente. Con 10,5 nacimientos por cada mil habitantes y año (antiguo territorio federal) Alemania tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, y ello a pesar de la recuperación experimentada en 1996. El crecimiento de las cifras de población tras la Segunda Guerra Mundial se debió básicamente a la emigración. Alrededor de 13 millones de refugiados y expulsados alemanes llegaron al territorio de la actual Alemania procedentes de las antiguas provincias alemanas orientales y de Europa oriental.

Hasta la construcción del muro de Berlín en 1961 y el cierre a cal y canto de la frontera por la antigua RDA, se mantuvo un gran éxodo de Alemania oriental hacia Alemania occidental. Desde principios de los años 60 un notable contingente de trabajadores extranjeros se establecieron en los antiguos Estados de la República Federal, cuya economía en expansión necesitaba mano de obra adicional de la que no disponía el país.

Disparidades regionales. El pueblo alemán se fue constituyendo básicamente a partir de la convergencia de diferentes grupos étnicos alemanes, como los francos, los sajones, los suabos y los bávaros. Hoy hace tiempo que esas etnias han perdido sus características originales, pero sus tradiciones y dialectos perviven en grupos regionales históricamente evolucionados. Las antiguas etnias apenas coinciden ya con la población de los diversos Estados Federados. La mayoría de los Estados surgieron, en su forma actual, tras la Segunda Guerra Mundial, con intervención de las potencias de ocupación, no habiéndose tenido a menudo muy en cuenta, a efectos de delimitación, las tradiciones respectivas. Además, las oleadas de refugiados y los grandes movimientos migratorios de la posguerra y también la movilidad de la moderna sociedad industrial irían difuminando más o menos las fronteras de los diversos grupos de población.

Desde siempre se les han atribuido a las diversas etnias idiosincrasias peculiares. Por ejemplo, los habitantes de Mecklemburgo tienen fama de reservados, los suabos de ahorrativos, los renanos de vitales y los sajones de laboriosos y sagaces – hoy estas experiencias tradicionales todavía se traen a colación como elementos tópicos de una rivalidad folclórico-festiva.

La lengua alemana. El alemán pertenece al grupo de las lenguas indoeuropeas, y dentro de éste al de las germánicas, y está lingüísticamente emparentado con el danés, el noruego y el sueco, así como con el holandés y el flamenco, pero también con el inglés. La decantación de un idioma culto común se remonta a la traducción de la Biblia por Martín Lutero.

Alemania tiene una gran riqueza de variedades dialectales. Por el dialecto y la pronunciación se puede saber en la mayoría de los casos de donde procede quien habla. Los dialectos presentan considerables diferencias: por ejemplo, si un frisón o un mecklemburgués y un bávaro hablaran su propio dialecto puro, tendrían grandes dificultades de comprensión.

Por lo demás, durante la división de Alemania se fue desarrollando en ambos Estados alemanes un vocabulario político divergente; asimismo fueron surgiendo nuevas palabras que no se comprendían de buenas a primeras en el otro Estado. De todos modos, el idioma común fue uno de los pilares que sostuvo a la nación dividida. Fuera de Alemania el alemán es lengua nativa de Austria, Liechtenstein, gran parte de Suiza, Tirol del Sur (Alto Adigio, Italia septentrional) y algunas zonas belgas, francesas (Alsacia) y luxemburguesas fronterizas con Alemania. También las minorías alemanas de Polonia, Rumanía y los países de la ex Unión Soviética han conservado en parte la lengua alemana.

El alemán es el idioma materno de más de 100 millones de personas. Aproximadamente uno de cada diez libros aparecidos en el mundo está escrito en alemán. El alemán es el idioma más traducido después del inglés y del francés y a la vez el idioma al que más se traduce.

Grupos étnicos integrados. Los sorbios del Lausitz son descendientes de tribus eslavas. Poblaron la región al este del Elba y el Saale durante el gran desplazamiento del siglo VI; la primera mención documental data del año 631. En el siglo XVI surgió bajo la influencia de la Reforma un lenguaje sorbio literario. Los sorbios vivieron una fase de renacimiento nacional al hilo de las corrientes democráticas del siglo XIX; en el siglo XX la dictadura fascista planeó su exterminio. La Alemania reunificada se comprometió a apoyar a esta minoría. Junto al Instituto de Sorabística de la Universidad de Leipzig existen numerosas escuelas, asociaciones y otras instituciones que cultivan la lengua y cultura sorbias.

Los frisios son descendientes de una tribu germánica asentada en el litoral del mar del Norte (entre el Bajo Rin y el Ems) y han conservado, aparte de su lengua autóctona, muchas tradiciones. En la región de Schleswig del Estado Federado de SchleswigHolstein y sobre todo en torno a Flensburg, vive una minoría danesa.

Conciudadanos extranjeros. Alemania es un país hospitalario. De los cerca de 82,0 millones de habitantes de la República Federal de Alemania 7,3 millones son extranjeros (datos de 1996); todos llegaron y se quedaron gustosamente en el país. Durante decenios la convivencia no revistió ningún problema. A los primeros emigrantes italianos se les sumarían los españoles y los portugueses, los yugoslavos y los turcos. Algún que otro roce en la vida cotidiana se compensaba con mucho a base de compañerismo, buena vecindad y amistad.

La integración de la UE y la convergencia de Occidente, la disolución del bloque oriental y la inmigración desde países asiáticos y africanos trajeron consigo un considerable incremento del número de extranjeros de la más variada procedencia. Desde hace tiempo los turcos constituyen el mayor grupo extranjero (2,107 millones), seguidos de las personas originarias de la actual Yugoslavia (Serbia/Montenegro), cuyo número se cifra en 721.000. De Bosnia y Herzegovina proceden unas 281.400 personas y de Croacia 206.600. Entre los ciudadanos procedentes de países de la UE predominan los italianos (608.000), seguidos por los griegos (363.000), los austriacos (185.000), los españoles (132.000), los portugueses (132.000), los británicos (115.000), los neerlandeses (113.000) y los franceses (104.000). El número de polacos, rumanos y estadounidenses se eleva respectivamente a 283.000, 95.000 y 110.000 personas. En Alemania viven también 50.500 personas procedentes de la ex Unión Soviética, 52.000 húngaros, 84.000 marroquíes, 25.500 tunecinos, 22.000 ghaneses, 19.600 brasileños, 66.500 afganos, 36.700 chinos, 36.000 indios, 114.000 iraníes, 56.000 libaneses, 38.000 paquistaníes, 60.000 de Sri Lanka y 88.000 vietnamitas. La República Federal de Alemania ha demostrado su talante abierto no solo acogiendo a peticionarios de asilo, a refugiados y a desplazados procedentes de zonas en conflicto, sino que desde siempre también ha sido uno de los abanderados de la libre circulación de personas y de la libertad de establecimiento en el seno de la Comunidad Europea.

Desde 1987 se trasladaron a la República Federal de Alemania alrededor de 2,5 millones de alemanes radicados en los países del antiguo bloque oriental, sobre todo en el territorio de la desaparecida Unión Soviética; en 1997 llegaron 134.000 personas.

A las personas perseguidas por motivos políticos, la República Federal les viene dando una protección sin par a escala internacional. Al igual que el anterior Artículo 16 de la Ley Fundamental, el nuevo Artículo 16a protege a los perseguidos políticos reconociéndoles un derecho fundamental individual. En 1992 Alemania acogió a casi el 80 por ciento del total de peticionarios de asilo registrados en la Comunidad Europea. En 1989 solicitaron asilo en Alemania 121.318 personas, en 1991 256.112 y en 1992 lo hicieron 438.191. La cuota de reconocimiento (número de peticionarios cuya solicitud fue admitida) descendió simultáneamente hasta situarse por debajo del cinco por ciento. En 1993 llegaron a Alemania unos 322.600 peticionarios de asilo; tras la entrada en vigor de la nueva legislación en materia de asilo, el 1 de julio de 1993, el número de peticionarios experimentó un notable retroceso: en 1994 solo pidieron asilo 127.210 personas, en 1995 127.937, en 1996 116.367 y en 1997 unas 104.000. El primero de julio de 1993 entró en vigor la reforma de la Constitución (el llamado «compromiso del asilo», cuya constitucionalidad fue confirmada por la Corte Constitucional Federal en mayo de 1996), aprobada por una mayoría de dos tercios del Parlamento, en virtud de la cual el derecho de asilo se reconduce, del mismo modo que en otros países, a su función propiamente dicha, a saber, proteger a las personas que efectivamente son perseguidas por motivos políticos y como tales necesitan protección. Esto implica que las personas procedentes de un tercer Estado no perseguidor no pueden invocar ya este derecho fundamental. Sin perjuicio de las disposiciones de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, Alemania se reserva el derecho de determinar en qué Estados no existe, según los datos que obren en poder de las autoridades, persecución política y por lo tanto en general no se cumplen los requisitos para conceder en su caso el asilo. No obstante, en Alemania todo peticionario de asilo tiene derecho a recurrir a los tribunales y agotar la vía judicial, incluyendo la Corte Constitucional Federal.

Política de extranjería. Casi la mitad de los extranjeros lleva residiendo al menos diez años en Alemania, el 30 por ciento veinte años y más. Cerca de 900.000 extranjeros con al menos diez años de permanencia son menores de 25 años; las dos terceras partes han nacido en Alemania.

Considerando estos factores, la política alemana en materia de extranjería prioriza la integración de los inmigrantes con residencia permanente en el país. El elemento esencial de esta política de integración es la creación de un moderno régimen de nacionalidad. La integración de los extranjeros con largos períodos de residencia se viene promoviendo mediante muy diversos instrumentos, entre los cuales cabe mencionar los programas especiales de aprendizaje del alemán y el asesoramiento social específico para extranjeros.

Los intereses de los conciudadanos extranjeros son atendidos por la Delegada del Gobierno Federal para los Asuntos de Extranjería, que se ocupa de la concepción global y de temas concretos de la política de extranjería, a cuyo efecto mantiene consultas con políticos nacionales y extranjeros y con representantes de los agentes sociales y otros grupos y entidades, en especial las organizaciones activas en el ámbito de la asistencia social a los extranjeros.

La Delegada del Gobierno Federal para los Asuntos de Extranjería respalda sobre todo iniciativas encaminadas a la promoción de los extranjeros residentes. A este propósito mantiene asimismo contactos permanentes con las embajadas de los países de origen, realiza visitas informativas a estos países y celebra conversaciones in situ con representantes de sus gobiernos.

La Delegada concede gran importancia a la difusión de informaciones detalladas y objetivas sobre la historia de la contratación de extranjeros, su repercusión económica, el origen y desarrollo de la política alemana en materia de extranjería, los aspectos humanos de la situación fáctica de la inmigración desde la óptica de los emigrantes extranjeros y las obligaciones políticas y legales de la República Federal de Alemania derivadas de los convenios y declaraciones internacionales.

En adelante la República Federal de Alemania seguirá limitando la inmigración, también en interés de los extranjeros residentes y de su integración. La suspensión del reclutamiento de trabajadores extranjeros procedentes de países no miembros de la UE dictada en 1973 sigue enteramente vigente. La inmigración y contratación ilegales son punibles.

En virtud de la legislación vigente, los extranjeros con residencia permanente en Alemania sólo pueden adquirir la nacionalidad alemana por naturalización, regulada básicamente en la Ley de nacionalidad y pertenencia al Reich del año 1913 y la Ley de Extranjería de 1990. Desde el año 1993 las modalidades de naturalización de la Ley de Extranjería para los jóvenes extranjeros criados en Alemania y los extranjeros con más de quince años de residencia en el país se configuran como títulos de naturalización. En el marco de su política de integración el Gobierno Federal desarrollará un nuevo régimen de nacionalidad acorde con los tiempos, que incluirá la adquisición de la nacionalidad alemana por nacimiento para los nacidos en Alemania de padres extranjeros y facilitará notablemente la naturalización.


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